Todos hemos escuchado la famosa frase “el sueño americano”, una frase que engloba en el subconsciente  de la gente que quiere vivir dicho sueño: dinero, casas, lujos, coches, etc. Cuando estamos en nuestros países de origen, por nuestra mente pasa un sinnúmero de “películas mentales” en las que nos vemos sumergidos, viviendo de lleno, este “grandioso sueño”.

¿Qué tan real es vivir el sueño americano, o más bien, cuántos sueños americanos existen? Todos tenemos la posibilidad de soñar. Hacer realidad los sueños es la capacidad de convertir lo que un día imaginaste en realidad. En mi corta estancia aquí en NYC he podido comprobar de primera mano que el sueño americano es, al menos aquí un engaño más de la sociedad ¿Sabes por qué? Porque no existe uno, sino miles de ¡sueños americanos! Cada latino que camina por las calles del Bronx, Brooklyn, Queens Manhattan es un sueño americano. Todos quieren triunfar en la salvaje selva de cemento, capital mundial de los sueños. Algunos, recién llegados, buscan trabajo en lo que sea, mientras que, los que llevan muchos años aquí en NYC, miran a éstos con empatía, porque ellos también estuvieron así cuando recien llegaron a la selva de cemento. Aquí o en cualquier parte del mundo, cuando emigramos y llegamos a vivir con la familia, ya sea solo por unos meses o si es permanente, hay que tener mucho cuidado en el tema de la convivencia, porque los que llevan más tiempos han adquirido costumbres del país donde resideny las cosas que eran normales en el país de origen, aquí pueden molestar al entorno familiar. Estoy seguro que habrás escuchado más de una vez alguna crítica como la siguiente: -“Fulano” es malo, echó de casa a su propio familiar-. Este problema es muy típico entre familias migrantes cuando un miembro de dicha familia no aporta con los gastos del hogar, de ahí la famosa frase: ¡Apestas a muerto! Para evitar este problema, lo mejor es ser claro y compartir de forma justa los gastos y, en la medida de lo posible: ¡¡VIVIR SOLO!!

Volviendo al tema del sueño americano, decía que no hay uno sino miles de sueños americanos. Algunos soñadores, logran encontrar trabajo,  compran su carro, alquilan apartamentos y se dedican a beber los fines de semana; otros trabajan y guardan hasta el último céntimo para enviar a sus países de orígenes; algunos, sobre todo los que llevan tiempo, montan negocios de éxito e invierten aquí todo lo que ganan (se olvidaron por qué emigraron) generando puestos de trabajo a sus paisanos; otros montan negocios e invierten en ambos países; hay quienes montan negocios con objetivos claros y concisos, tienen tantas ganas de triunfar, que cualquier negocio que monten les va bien.

La gente madruga, cargados de energía, a sus puestos de trabajo a darlo todo. Luego, por la tarde, suben a los trenes con la energía justa para llegar a casa. Los trenes desde las 19:00 en adelante están plagados de “zoombies”. La gente en los vagones del tren va muy cansada, durmiendo, roncando, etc.

¿Tener carro, casa y dinero es sinónimo de haber logrado el sueño americano? Todo aquel migrante que tenga un nivel de vida por encima de lo normal es porque algún día trabajó como “burro” (hablo siempre de gente honrada) al igual que lo hacen los recién llegados. Quizás hace algunos años atrás, las cosas estuvieron más fáciles y es por ello que lograron prosperar en esos tiempos. Ahora son dueños de negocios exitosos, con lo cual, los dólares rebotan sus bolsillos. Esta gente no ha logrado ningún sueño americano, simplemente han logrado hacer realidad sus propios sueños en un país que les brindó la oportunidad de progresar. Esa oportunidad la tienen todos, pero son muy pocos los que se dan cuentan que tienen ese “AS en la manga” para utilizarlo. Vienen aquí y quieren seguir con las mismas costumbres de allá: gastar todo el dinero que ganan bebiendo los fines de semana (con ello, solo contribuyen a que, el que vende la cerveza, cumpla más rápido “su sueño americano”)

La moraleja de esta humilde crónica es que: no existe ningún sueño americano, lo que existe es un latinoamericano con un sueño que tiene que convertir en realidad y, cuando haga realidad su sueño, será un americano con un sueño realizado.

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